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Liliam Martelli una venezolana que supo reinventarse Print E-mail
  
Sunday, 07 June 2009 00:10

La señora Liliam Martelli es venezolana, tiene 46 años, una hija de 22  y vive en la Urbanización La Mata en Cabudare Estado Lara. Se declara devota de José Gregorio Hernandez y ha dedicado los últimos 6 años de su vida a un oficio poco convencional. Vende café, dulces y botellas para subsistir y aunque confiesa que no le gusta lo que hace, le pone empeño y corazón de lunes a lunes.

Sra. Liliam Martelli guardando botellas

Liliam era trabajadora de la industria petrolera, no le iba mal. Cuenta que comenzó a trabajar en el año 89 como recepcionista en PALMAVEN, empresa filial de Petróleos de Venezuela (PDVSA) en la cual laboró hasta el año 94. En esa fecha la compañía fue fusionada con la Petroquímica de Venezuela PEQUIVEN y Liliam fue trasladada a la Secretaria de la Región Centro-Occidental. Duraría en este nuevo puesto un par de años, pues a mediados del 2000 comienzó la inversión de capital extranjero en algunas filiales de PDVSA, dando inicio a la privatización de la compañía.

Martelli ahonda en sus aspiraciones, sus jefes le aconsejan que siga perfeccionando su inglés y que obtenga su título de ingeniero, para poder optar al cargo de Secretaria de Gerencia o formar parte de la Junta Directiva. Ya corre el año 2002 y Venezuela entra en un conflicto político. En diciembre y a pocos días de que Martelli se reintegre de sus vacaciones, FEDECAMARAS (Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela) y la CTV (Confederación de Trabajadores de Venezuela) convocan al segundo paro cívico nacional en el cual se exigía la renuncia del presidente Hugo Chávez.


Martelli conversando

Parte de los directivos de PDVSA el 06 de diciembre se unen al paro, y Martelli recibe una llamada en la que se le comunica la decisión de sus compañeros. Le explican la situación e incluso le recomiendan que no se una, ya que entienden que es riesgoso y ella es el único sustento de su hogar, pero Liliam se siente motivada y decide unirse. Explica que en ningún momento la obligaron, que su decisión la hizo porque realmente consideraba que el apoyo era necesario. Hoy no se arrepiente de su posición.

Corren los días y el  presidente Chávez ordena la remoción del cargo de todos los trabajadores que apegados al paro no asistieron a sus puestos de trabajo, alegando abandono laboral, con lo cual Martelli es incluida dentro de los trabajadores despedidos, quienes luego formarán el grupo “Gente del Petróleo”. Logran ser apoyados por una parte del pueblo venezolano pero aún hoy en día discuten el despido injustificado y la falta de las liquidaciones correspondientes a todos los años de servicio.

Martelli se encuentra desempleada y con una hija de 16 años que cursa el segundo año de ciencias del bachillerato. Necesita generar ingreso, pero siente sobre su espalda el peso de una marca y es que “La Gente del Petróleo” no volvería a ser la misma. Le ofrecen trabajo, pero su experiencia no es valorada y el sueldo mínimo no da para cubrir sus gastos.

 

Decide entonces dedicarse a vender café, aprovechando las colas que se hacían para la gasolina, luego le sugieren que si necesita capital puede recoger botellas y contactar con un señor en Cabudare que las compra. Comienza con ello y poco a poco descubre que logra sacar algo de dinero con lo cual compraría una cava. Sigue vendiendo pero ahora se diversifica, manda hacer en hierro el armason de un carrito que le serviría para vender café, dulces, empanadas y botellas.

Desde entonces, Liliam Martelli recorre una ruta por Cabudare que abarca desde la Avenida 3 con calle 8 hasta el centro, pasando por la Avenida Libertador, la Plaza la Cruz y la Plaza Bolívar, para luego volver a casa por la Avenida Principal de la Mata. Tiene clientes fijos que la esperan para comprarle el café ya que, aunque a diario le discuten el precio, dicen que su café es bueno, y es que Liliam se jacta de hacerlo bien, cuidando la limpieza de todo el proceso.

La conocen, la saludan, conversan con ella y hasta algunos permanecen escépticos de que “El Carrito” le de para vivir. Pero ella explica que su ganancia es de Bs. 950,00 restándole el capital que reinvierte. Con la venta de botellas se ayuda, consigue vender sacos de 100 unidades (20 kg)  por 0,120 Bs el kilo. Previamente debe limpiarlas, remover las etiquetas y clasificarlas por colores en cuatro categorías: las azules, las verdes, las transparentes y las oscuras. Las almacena en el balcón de su apartamento y semanalmente reune 8 sacos.

Por increíble que parezca, Martelli sostiene un hogar en el que paga los servicios básicos incluyendo la televisión por cable, el condominio, un crédito hipotecario, cotiza la L.P.H. que mantiene con Casa Propia , ayuda a su hija y paga su pan de cada día.